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septiembre 24, 2017 Eugenio Viola

Las cuatro máximas para vivir a plenitud

La vida no es fácil, está llena de obstáculos, retos, situaciones donde se pone a prueba nuestra resistencia, por sólo nombrar algunas. Pero ante todo, esta vida es real. Queda de nosotros decidir si llevar la fiesta en paz o en calamidad. Recuerdo siempre las escrituras de Marco Aurelio y sus Meditaciones, ya que él fue un hombre que aprendió a vivir en paz dentro del caos, aceptando la esencia de la vida tal como es y de acuerdo a su propósito. Por eso, hoy quiero presentarte cuatro máximas tomadas de sus escritos que te pueden llevar a vivir a plenitud.

 

  1. No acepto nada falso o incierto

    Esta es una de las frases que llevo conmigo a diario. Es cuestión lógica; si algo no está completamente definido simplemente no es real, por lo que no es necesario ni sano enfocar nuestra mente en ello. Sin embargo, pasamos gran parte de nuestra vida preocupándonos por situaciones que en muchos casos nunca ocurrirán, invertimos gran parte de nuestro tiempo pensando: ¿Qué pasaría si?(…) Adicionalmente, gran parte de estos pensamientos están enfocados en áreas de la vida que están fuera de nuestro control (economía, catástrofes naturales, conflictos políticos, aprecio o amor de alguien más, entre otras).

    “Sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad”. Séneca

    El integrante de un equipo de futbol se encuentra en la víspera de la gran final, sus pensamientos empiezan a tornarse oscuros cuando se cuestiona si podrán ganar o no, cuando el resultado del juego es algo que él como ser humano no puede controlar. No va a conseguir nada más que pertubar su estado mental antes del juego, inundarse de miedo e incertidumbre. Todo esto se ha generado a partir de un hecho que no es real. Ahora en cambio, este mismo jugador puede enfocarse en lo que sí puede controlar: su voluntad, dar lo mejor de sí sin importar cuál sea el resultado.

    Acepta todo lo que es real (el presente) para vivir a plenitud. Clic para tuitear

  2. Enfoco mis acciones hacia el bien común

    Cuando todos nuestros actos están orientados al bien común, nuestro cuerpo constantemente produce serotonina, que nos ayuda a mantener equilibrio emocional y evitar la depresión. Algunos la asocian con la felicidad, lo cierto es que la generación de esta sustancia se puede interpretar como una táctica de nuestro cerebro para “recompensarnos” por ciertas acciones, y en este caso particular, aquellas que involucran nuestra interacción con otros individuos. ¿Por qué nuestro cerebro se interesa en motivarnos a hacer el bien a los demás? La respuesta es sencilla, es parte de la fórmula maestra de la evolución del ser humano para trascender en el tiempo; como animales sociales necesitamos la aprobación o aceptación del resto del grupo (o tribu) ya que de allí radica nuestra supervivencia.

    Nuevamente citando a Marco Aurelio y el resto de los Estoicos, siguiendo nuestra virtud haciendo el bien, estamos enfocándonos en cosas que están completamente bajo nuestro control. Nadie más puede hacer el bien por nosotros, es un esfuerzo individual y la gratificación es invaluable, es vivir a plenitud.

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  3. Limito mis deseos a lo que está bajo mi control

    El ser humano está por naturaleza condicionado a alcanzar metas, en un principio las mismas eran simplemente conseguir alimento suficiente para sobrevivir el invierno, o ser más rápido que sus depredadores. Hoy en día la evolución ha tornado más complejo el alcance de objetivos (dinero, vivienda, amor, superación profesional, etc) ya que “sobrevivir” en muchos casos se da por sentado, sin embargo el mecanismo sigue presente en nuestro organismo. Esto se explica cuando una persona empieza a desear aquellas cosas que se encuentran fuera de su control y se evidencian comportamientos o estados mentales de stress, ansiedad, depresión y miedo en general. Todos estos factores entran en acción cuando complicamos nuestra vida con metas impuestas por una sociedad consumista e influenciada por temores, de allí entonces el deseo de tener vivienda, vehículo, vestido, innumerables bienes materiales, status social, reconocimiento de otros, carrera profesional, conocimientos en vez de sabiduría, y pare usted de contar. En el comienzo de nuestra era, el simple hecho de sobrevivir un día más era motivo de infinita felicidad. Volvamos a nuestra esencia, simplifica tu vida para vivir a plenitud.

  4. Acepto todo lo que la naturaleza me asigna, ya que soy parte de ella

    Nuevamente me remito a los pilares básicos ya mencionados en este artículo: vivir el momento presente sin cuestionarlo, enfocar nuestra energía en el bien común y en las cosas que están bajo nuestro control. Todo lo que ocurre tiene una razón de ser y siempre está enfocado en nuestro progreso como especie y como individuos. Es un hecho, es la condición humana y del entorno. Inclusive catástrofes naturales, guerras, epidemias, todo envuelve un aprendizaje mayor. Muchas veces estas lecciones son inesperadas porque simplemente estamos condicionando nuestra existencia y jugando con factores que están muy pero muy lejos de nuestro control. Cada hecho que ocurre debe ser aceptado tal como es y no dejar que nuestro ego a través de la “percepción” cambie el panorama. El problema no es el hecho, es nuestra percepción del mismo que viene condicionada por nuestros valores, experiencias pasadas e intereses individuales.

    “Entre el estímulo y la respuesta siempre hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestro poder para escoger nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y libertad”. Viktor Frankl

    Agradece cada momento de tu vida sin cuestionarlo, ya que esos momentos están presentes para convertirte en un mejor ser humano y por ende contribuir a la evolución de la especie. Acepta lo que es real y descarta todo lo que crea incertidumbre para poder vivir a plenitud. Todo esto se encuentra bajo tu control.

    Siempre recuerda esto: “No existen los caminos equivocados puesto que en este viaje no puedes dejar de ir hacia donde vas”. Neale Donald Walsch – Conversaciones con Dios

Eugenio Viola
Emprendedor, padre y esposo obsesionado con un mundo basado en propósito y no en resultados

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